Aragón Liberal (Enviado
por: Pascual de Tamburri) , 30/11/06.-
María Teresa Fernández de la Vega
reconoce que las Fuerzas de Seguridad del Estado están en "máxima alerta". Se lo
traduzco: el "proceso" va mal... Tres tristes destinos
para un Zapatero en "máxima alerta"
María Teresa Fernández de la
Vega reconoce que las Fuerzas de Seguridad del Estado están en "máxima alerta".
Se lo traduzco: el "proceso" va mal. ¿Es una buena noticia? Me temo que no,
porque la cosa va mal para el presidente de nuestro Gobierno, no para ETA. Si
después de años de conversaciones el "proceso" se atasca, todo lo que Zapatero
ha dado, prometido y comprometido, que no puede ser poco, sólo contribuye a
reforzar a ETA. Así que en el mejor de los casos hemos perdido el tiempo y en el
peor, y más probable, perderemos más cosas. Pero Zapatero tiene a quién
parecerse.
Dicen algunos que este sujeto se parece a Neville Chamberlain,
el hombre del paraguas, que volvió de su primer viaje en avión en 1938 con la
promesa de una paz duradera. Peace in our time, y todo eso. Pero la comparación
no es justa, porque al fin y al cabo lo que Chamberlain, Daladier y Mussolini
garantizaron a Hitler en Munich no era injusto. Negociaron Estados rivales pero
ninguno renunció a sus principios esenciales, se diga lo que se quiera. Hasta
pudo haber salido bien. La paz se hizo imposible desde lo de Praga en marzo
siguiente y lo de Moscú en agosto. Chamberlain, buscando la paz, quiso salvar
además su imperio, y terminó salvando al menos la democracia. No es el caso de
Zapatero.
Algunos insisten en comparar a Zapatero con John Fitzgerald
Kennedy. No crean, no sólo lo hacen los propagandistas de su dudoso idealismo
progresista, sino que también se puede hacer en tono crítico. Al fin y al cabo
creó tensiones sin precedentes dentro de Estados Unidos, estuvo a punto de
desencadenar una guerra mundial, consolidó una dictadura comunista en Cuba y
enredó a su país en la guerra de Vietnam, tras el asesinato de Ngo Dinh Diem por
no ser lo bastante demócrata. Pero Kennedy fue un patriota, que luchó
voluntariamente en su Marina durante toda una guerra y que, bien o mal, siempre
buscó el bien de su país.
Yo lo siento, pero en nuestra historia el mayor
parecido lo tiene con un noble de sangre real, el conde don Julián, y con un
obispo hermano de rey, don Oppas. Anteponer el interés personal (familiar o de
partido) al de la comunidad; servirse de los enemigos internos y externos de la
paz para derrotar al adversario político; y estar dispuesto a pagar a costa de
todos el precio de esas alianzas, que ponen en riesgo el futuro común. Es un
escenario de "máxima alerta", pero no es una novedad.
Pascual
Tamburri
El Semanal Digital, 30 de noviembre de 2006