Aragón
Liberal (Enviado por: Vicente Franco Gil).- El Sumo Pontífice, lejos de
pretender incitar al pueblo musulmán, predica con el ejemplo y demuestra que una
mezquita puede ser un buen lugar para rezar.
Benedicto
XVI termina hoy su viaje a Turquía. Hasta la fecha todo va trascurriendo con
normalidad, serenidad, con el ánimo puesto en el acercamiento, la recapacitación
y el amor. Derroche significativo de ansia apostólica el que demuestra
constantemente el Santo Padre, siempre orientado al entendimiento, la concordia
y la paz. Es un ejemplo perpetuo de respeto al ser humano, pues él bien sabe de
sobra que somos imagen de nuestro Creador, de Dios Padre Todopoderoso.
Lejos de fanatismos, de revanchas, de recelos, siempre con el bien
puesto en el horizonte como premisa necesaria de sus actuaciones, y el perdón,
como báculo que alienta su caminar, el Papa concluirá una de las visitas más
controvertidas dada la cultura singular de los fieles islamistas. A pesar de que
las autoridades más significativas del país no han acompañado al pastor
Universal de la Iglesia católica, el calor de las gentes que lo han aclamado ha
dejado poso en su corazón, un corazón lleno de misericordia que alcanza límites
insondables.
Desde estas líneas queremos agradecer al gobierno de la
nación turca el despliegue de medios audiovisuales y de las fuerzas de seguridad
del Estado, ya que han hecho posible la realización de este evento que de
ninguna manera pasa desapercibido por la faz de la tierra. ¡Id y predicar al
mundo entero el Evangelio! No lo ha podido hacer mejor el Vicario de Cristo que
timonea a la grey católica, sin nerviosismo, sin detenerse en el qué dirán, sin
reparar en el potencial peligro de una nación jaleada por la intransigencia.
También desde estas líneas agradecer a Benedicto XVI por ser el gran
promotor de la conversión que lleva al triunfo definitivo a los que contrita y
humildemente reconocen su condición de pecadores. Santo Padre, no dejaremos
nunca de rezar por su alma, por el bien de la Iglesia y por alcanzar nuestra
personal santidad. Le debemos el sentido de nuestra espiritualidad, y por ello
es merecedor de ocupar un puesto privilegiado en la intimidad de nuestras vidas.
Santidad: ¡Totus, tuus!
vicenbarbarroja en
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