Aragón Liberal
(Enviado por: Humberto Vadillo) , 27/12/06.- Donde se comenta el efecto
que la falta de productividad tiene sobre la economía española y como,
si somos listos podemos tener vacaciones y crecimiento.
Ver:
Benevolencia del cerveceroEl mes
de diciembre se inició con el acueducto que lleva de la Inmaculada a la
Constitución. En puridad la finalidad de un acueducto, llevar agua a
pueblos que todavía no han descubierto el principio de los vasos
comunicantes, y la de los puentes, llevar a las familias españolas al
mar o a la montaña no puede ser mas disimilar.
Nada diré, pues,
contra el nivel alcanzado por las escuelas españolas de ingeniería. El
mes de diciembre se cierra con la celebración de la Navidad, que se
prolonga en Nochevieja, se estira en Año Nuevo y, en magno esfuerzo
(citius, altius, fortius) llega, forzando la resistencia de nuestros
hígados y bolsillos hasta el Día de Reyes.
Roscón y retorno a la
rábida realidad. Dicho de otra manera, durante el mes de diciembre aquí
no trabaja nadie. Sumese a ello el cartel de cerrado por vacaciones que
colgamos del Cabo de Gata nada más llegar la calor y el resultado es el
esperable: baja productividad.
Resulta poco sorprendente que
estudio tras estudio España figure a la cola de la productividad del
factor trabajo entre los paises europeos, compartiendo furgón de cola
con Grecia y Portugal. ¿Y qué mas nos da a nosotros la productividad?
Bueno, entre otras cosas, cuando la productividad sube la inflación
baja. Una mayor productividad lo que quiere decir, en definitiva es que
utilizando la misma cantidad de inputs obtenemos mayores cantidades de
bienes y servicios. Cada uno de esos bienes y servicios individuales
será, en consecuencia más barato. Resultará más fácil exportar y por
tanto podremos equilibrar el déficit comercial.
¿Y como
incrementamos la productividad? ¿Trabajando más horas? ¿Renunciando a
las vacaciones? No necesariamente: mediante la innovación tecnológica.
Los paises que quieran crecer deberán especializarse en productos
innovadores y de calidad y con mayor valor añadido. El problema para
España es que el crecimiento económico de los últimos años se ha basado
en sectores como la construcción o el turismo que bien poco aportan al
avance tecnológico. En el sector industrial, España se ha especializado
en sectores maduros, en los que resulta dificil competir con las
economías emergentes. El avance tecnológico presupone la capacidad de
innovar y esa capacidad requiere un alto grado de formación de la mano
de obra. En España la formación profesional está abandonada; una
Universidad convertida en el tercer ciclo del Bachillerato General
Nadavalente ha limitado su misión a la transmisión de conocimientos,
con pasmosa dejación de su misión investigadora. Informe tras informe
demuestra los efectos deletereos que la reforma socialista de la
educación desde Atila Maravall ha traido consigo. Como siempre, el
gobierno, este gobierno, cualquier gobierno no es consciente de que la
única innovación verdaderamente valiosa es la que crean las empresas en
respuesta a la información que reciben del mercado.
La respuesta
del gobierno, de este gobierno, de cualquier gobierno ante la necesidad
de innovar es firmar un convenio, iniciar un programa, inyectar fondos
publicos y hacer una campaña de concienciación en prensa y televisión.
Pamplinas.
Si
queremos innovar, basta con dejar a los empresarios. Reducir los
impuestos. Reducir las trabas burocráticas. Reducir la regulación.
Donde digo reducir quiero decir eliminar. Libre de distorsiones, el
mercado traslada toda la información necesaria. Libre de trabas y tasas
el ciudadano da con nuevas soluciones a viejos o nuevos problemas y se
dispone a cubrirlas convirtiendose en empresario. El estado cumple aquí
una misión fundamental: estarse quieto. No molestar. Es gratis.
Foro Aragón Liberal.