Aragón Liberal
(Enviado por: Pascual de Tamburri) , 28/12/06.- Escucho algunas veces,
y con mucho gusto, a Juan Carlos Girauta, un joven liberal que, además
de intervenir en distintos medios de comunicación, acaba de presentar
un libro, La eclosión liberal, defendiendo sus ideas, que son ya las de
muchos.
En
Huesca LiberalCada vez más españoles se definen a sí mismos como liberales, y oponen al régimen zapateril vigente esa etiqueta ideológica.
Creo
que es una buena noticia. Durante muchos años en España al imperio
político, social y cultural de la izquierda –marxista de origen- sólo
se oponía el silencio, o se añadía el nacionalismo antiespañol. Que
haya liberales y que sean muchos y coherentes no hace más que
enriquecer nuestra vida pública, y estimular por lo demás iniciativas
vigorosas hoy muy necesarias. Es, como ha reconocido el propio Federico
Jiménez Losantos, un "fenómeno sorprendente", que merece atención.
Hablamos
de "una oleada de liberalismo joven que aprovecha las nuevas
tecnologías para defender sus valores". Y eso está muy bien, siempre
que se entienda tanto su naturaleza como sus límites.
Decir
hoy "liberal" es casi no decir nada, o decir muchas cosas divergentes;
y aquí no podemos lanzarnos a un curso de filosofía política. Decir
liberal en Estados Unidos es decir Bill Clinton, y en Austria Jörg
Haider. Liberales, en España, hemos tenido desde los afrancesados y su
feroz enemigo, mi ilustre ancestro Francisco Espoz, hasta José Antonio
Segurado, pasando por nuestro cojo más famoso, Romanones. Ser liberal
puede significar asumir nuestro régimen político de libertades, o
confundirlo con el viejo librecambismo económico, o añadirle matices
morales, incluso anticlericales y desde luego agnósticos. ¿Por qué no?
Todo eso fue, y puede seguir siendo, nuestro liberalismo.
La
verdad es que el liberalismo es una flor con muchos colores. Y en
España, hoy, es una planta sólo en parte joven que crece en las grietas
del plan de Zapatero. Así que nuestros nuevos liberales, como dicen –y
es verdad- "se pelean con los progres desde que sale el sol". Ahora
bien, no toda la oposición a la avalancha de la izquierda es liberal, y
pretenderlo sería una empresa vana cuyo único beneficiario sería José
Luis Rodríguez Zapatero.
Girauta se pregunta "¿por qué
los progres están nerviosos?", y la premisa es correcta: los progres
están nerviosos porque se han topado, en el momento de su triunfo, con
una sociedad civil que se resiste a la imposición de los dogmas
revolucionarios, y con unas minorías intelectualmente activas que no
refunfuñan en la nostalgia –como la vieja extrema derecha de Torrente-
ni se consumen sólo en las urnas –como hizo, inevitablemente, la AP de
Manuel Fraga en los 80-, sino que ofrecen respuestas a las sinrazones
del progresismo. Los progres no sólo ven en peligro el poder logrado en
2004, sino también el control social heredado del franquismo.
Pero
¿es el liberalismo la única matriz de esa resistencia? Más bien no. Un
liberal opone libertad individual –de base material, además- a
identidad y comunidad; y si parte de la resistencia al zapaterismo nace
en nombre de las identidades falsas, impuestas y falaces otra se hace,
precisamente, en nombre de la identidad nacional española. El
liberalismo es una de las "familias" de esta Resistencia, pero sabemos
que la derecha, la resistencia, me da igual cómo quieran ustedes
llamarla, es un frente plural que une cosas diferentes. Frente a
Zapatero tenemos laicos y confesionales, centralistas y autonomistas,
monárquicos y republicanos, liberales en muy diversas acepciones y
ajenos al liberalismo, libertarios y socializantes, moderados y
temperamentales: la misma variedad de "derechas" que en Francia
estudiaron primero René Remond y después Jean-François Sirinelli.
¡Viva
el liberalismo!, sí, pero sólo como parte de algo más amplio, de una
gran coalición que se coloque en el centro de la sociedad y que, en el
mejor de los casos, llegue a elaborar una nueva síntesis. Yo no creo
que millones de hombres y mujeres hayan salido a nuestras calles
dispuestos a luchar por el Mercado y por Von Mises; pero sí creo que,
junto a las gentes normales y sencillas que sólo quieren defender
España, el Derecho y la Fe hay sitio, y de honor, para quienes como
Girauta hacen bandera de su propia idea de libertad. Aconsejaría mal a
Mariano Rajoy quien le recomendase distanciarse del liberalismo; pero
le aconsejaría aún peor quien le quisiese hacer sólo liberal. Porque
una derecha monocarril, feliz de haberse conocido a sí misma, sería por
muchos años oposición, en todos los sentidos.
Pascual Tamburri
El Semanal Digital.