
UNA NOCHE EN LA MONCLOA.
Aragón Liberal
(Enviado por: José Jurado) , 28/12/06.- Fue para mi una noche horrible
la que vivi en la Nochevieja del año pasado. Mi delirio me trasportó a
la Moncloa y esto que os cuento es lo que ví... Del
Foro Aragón Liberal
El año 2005 se está despidiendo de mí con una fiebre de órdago que me
ha debido producir algún desvarío porque uno de sus embates me ha
transportado, nada menos, que al Complejo de La Moncloa y allí he
pasado una noche entera deambulando a mi antojo.
Os
contaré en forma sintética, cuanto vi, oí y olí: De modo insólito me vi
en la puerta de acceso al “Complejo” que franqueé sin mayor problema.
A unos cien metros de la entrada, encontré una gran rotonda en cuyo
centro se yergue un altísimo alcornoque poblado de pajarracos negros
que no supe distinguir si eran cuervos o buitres.
De la
rotonda parten tres amplias avenidas rotuladas con los nombres de
Pasionaria, Carrillo y República. En todas ellas alcornoques en las
aceras.
Me decidí por la Avda, de la Pasionaria y, en primer
lugar. entré en un edificio sencillo del que salía un ruido infernal.
Todo el interior lleno de tuberías de distinto grosor. Me salió al paso
una señora bajita, gordinflona, de rostro no muy agradable que me dijo
se llamaba Cristina, por lo que deduje que era la Ministra Narbona y
que estaba instalando una desaladora. Crucé la Avda. y tuve la
ocurrencia de entrar en una construcción minúscula de la que salían los
gritos desgarradores de una mujer cuyo cuerpo, sin ser gruesa, estaba
atascado en una puerta y pedía auxilio. Era María Antonia Trujillo, la
de la Vivienda, que no podía salir del cuchitril.
Siguiendo
por la misma acera fui sorprendido por el insoportable hedor, del que
salían huyendo Aznar y Rajoy.Me tapé la nariz con un pañuelo, y entré
en un edificio averiguando que la causa del mal olor la producía un
individuo delgado, calvo, de rostro cetrino y aspecto de malauva que
estaba removiendo un cubo repleto de porquería. Habrá pensado alguno de
mis lectores que era Rubalcaba.
Y no se equivoca. Tuvo la
gentileza de enseñarme una amplia cocina y me indicó que es allí donde
se confeccionan las encuestas.
Dejé aquella Avenida y pasé a
la de Carrillo, pues me llamó la atención lo que parecía un templo
romano y en su frontispicio aparecía con letras moradas: “ Logia
monclovita”. Picado de la curiosidad entré y pasé a un salón enorme,
cuyas paredes estaban repletas de retratos de hombres célebres, entre
los que pude reconocer a Prim, Canalejas, Riego, Martínez Barrios y
bastantes personajes de la República, del felipismo y del zapaterismo.
En el centro del salón había una especie de catafalco, una mesa con dos
candelabros, un triángulo, un compás y un puñal.Supuse que iba a
comenzar alguna ceremonia masónica y, efectivamente, por puertas
secretas salieron unas treinta personas ceñidas de mandiles y con
extraños collares.Del grupo se destacó un hombre menudito, ante el que
todos inclinaron la cabeza y que tenía un enorme parecido con Jesús de
Polanco.
De debajo del catafalco salió espantado un gato
negro, dando tremendos maullidos, que cruzó a grandes saltos el
salón.Ningún masón se alteró.Yo sentí un escalofrío. Hubo una serie de
ceremonias extrañas y diversos parlamentos y, al oir los nombres de
Rouco, Aznar y Rajoy, como no entendía nada y comencé a sentir miedo,
me salí rapidamente.
Fui a dar en mi recorrido con un
espléndido pabellón. Entré con sigilo, empujé una puerta suavemente y
vi a una señora ante un tocador, empeñada en disimular la lividez de su
rostro cadavérico. Se untó unos polvos de carmín subido, se colocó una
especie de bufanda de color morado y la vi tomar un Rosario.Creí que lo
iba a rezar, pero al notar mi presencia, me dijo:Este es el Rosario que
me regaló el Secretario de Estado del Vaticano cuando fui a leerle la
cartilla para que amonestara a los Obispos.
Era Doña María
Teresa, llamada por algunos la dama de la Triste Figura y la del Vogue.
Comprendí el motivo.Aún olía a humo del incendio de Guadalajara. Oí
cornetas y tambores. Me acerqué y encontré en una explanada a Pepe Bono
con la Cúpula militar cantando la salve a la Virgen de Cortes.
Pasaron a un salón y un General de Estado Mayor explicó ante un enorme
mapa el Plan para rescatar Ceuta, Melilla y la Isla del Perejil que el
malvado primo marroquí había ocupado a traición.
Bono lanzó
una arenga exaltando al Ejército y a la unidad de España y a
continuación hubo una copa de vino español, -con productos españoles-
en un recinto que debía ser Museo, porque en vitrinas iluminadas se
podían ver restos del Yakolev, una hélice del Cougar atravesada por una
bala,una foto de Trillo cabeza abajo y los auriculares que llevó
Zapatero en su viaje a Afganistán.
En botes pequeños se
conservaba arena sobre la que se sentaron Bono y Zapatero cuando
hicieron la ola y otro bote con chapapote del Prestige. En lugar
preeminente, la bandera de combate de la fragata Alvaro de Bazán.
Debía ser grande el delirio que me producía la fiebre porque tuve que
tumbarme a la entrada de un enorme Palacio donde aparecían las banderas
de los Regiones Autónomas. En una de las ventanas apareció Sonsoles
quien, al verme de aquella guisa, se compadeció de mí, bajó y se empeñó
en darme un Termalgín para calmar mi delirio. Preguntó por mi nombre,
que no quise darle, por si lo recordaba al pié de algunos versos en los
que satirizaba a su esposo.
Cuando me quedé solo quise ver el
interior del recinto.Llegué al despacho del presidente. Pero ¡qué
desolación!. Todo medio derruido y apuntalado...!con banderas
republicanas!
Sobre la mesa, una gran foto dedicada del Rey,
cuya dedicatoria me resisto a transcribir. Atisbé, a través de una
ventana un helicóptero en disposición de despegar. Uno de los guardias
me aclaró que estaba así desde hacía unas semanas para caso de
emergencia, pues en una reciente manifestación pudo leerse una pancarta
que decía: ¡Que se vaya! y el Presidente era precavido.
También había sobre la mesa un teléfono y junto a él un hombre que me
pereció que estaba disecado. Al parecer llevaba año y medio, sin
moverse, esperando una llamada de la Casa Blanca. Tuve la ocurrencia de
abrir la carpeta del escritorio y me fijéen una larga lista de
improperios e insultos indecentes que Pepiño Blanco le había dejado
para que los usara contra Rajoy. Nada más salir al exterior, vi que de
otro edificio contiguo salían en tropel corriendo hacia la salida del
“Complejo” cerca de un centenar de personas con un montón de folios y
sobres abultados.
Supe que se trataba de periodistas que
habían ido a recoger las consignas del día y la correspondiente paga
del Fondo de Reptiles que les había repartido Rubalcaba.
Reconocí a algunos de ellos. Allí estaban Carnicero, Carlos Llamas,
Lorenzo Milá, Gabilondo, María Antonia Iglesias,Enrique Sopena Etc.
Continuando mi paseo por la Avda, de la República, el rótulo de un
edificio decía: “Menisterio de Kortura”. Era correcto el rótulo porque
en su interior encontré a una mujer pequeñita, menuda y mal encarada
que resultó ser, como habrán imaginado, la Ministra Carmen Calvo.
A la entrada de un edificio suntuoso había un señor mofletudo,
sonriente, que daba instrucciones a un motorista para que el Nuncio
compareciera de inmediato.
Debía ser Moratinos –como así
resultó- porque, acto seguido, llamó a su colega marroquí, pidiéndole
permiso para visitar Ceuta y Malilla acompañando a Zapatero. Al darse
cuenta de mi presencia se puso colorado.
Empezaba a hacerme
efecto el calmante que me dio Doña Sonsoles porque decidí salir de la
Moncloa. En la rotonda de entrada habían puesto enormes carteles en los
que podía leerse,en grandes caracteres: PAPELES PARA TODOS Caldera
SOMOS LA ENVIDIA DEL MUNDO Zapatero AY MAS KULTURA QUE NUNCA Carmen
Calvo DEBEMOS SER MAS EDUCADOS Manolo Marín ¿QUEDA ALGUNA ESTATUA POR
QUITAR? La Malena ESCUELA PUBLICAS SI; DE LOS CURAS, NO Ministra de
Educación NO HAY PESTE AVIAR Ministra de Sanidad“ESTOS, ACABAN CONMIGO
Ministro de Hacienda.
Me desperté bañado en sudor, la garganta seca y asustado.Os lo cuento tal como lo viví el 31 Diciembre 2005
Jose Jurado