Aragón Liberal En el breve lapso de tiempo transcurrido (menos de veinticuatro horas)
desde que se produjo la explosión de Barajas ya se ha dicho todo lo que
cabía decir, lo suficiente como para poner sobre el tapete todas las
claves del asunto.
31/12/06
Pero hay dos frases que para mí resumen perfectamente la situación:La
primera es esa de Otegui que encabeza este comentario: "El proceso no
está roto". Y lo lamentable es que Zapatero, a pesar de su impostado
gesto de firmeza en la última comparecencia, ha coincidido con él. Lo
aclara Luis del Pino en su blog de Libertad Digital: cuando se le
preguntó al Presidente, varias veces, si suspender quería decir romper,
Zapatero eludió la respuesta. Y cuando se le preguntó si iba a
reconsiderar su vuelta al Pacto Antiterrorista también se perdió en
divagaciones.
Es por eso, porque el proceso no está roto, por lo
que ETA no anunció previamente el fin de la tregua. Y por lo que sí
anunció, hasta tres veces, como nos señala Victoria Prego, la
colocación de la bomba, porque su intención era que no hubiera
víctimas; una expresión de fuerza imponente, pero sin víctimas. A pesar
de ello, las ha habido. Y es por eso, porque no es intención de ETA que
el proceso se rompa, por lo que ha mandado a su recadero, Otegui, a
decirlo explícitamente: "El proceso no está roto".
¿Por qué,
entonces, la bomba? Porque Zapatero no se daba por enterado, porque ha
seguido considerando insuficientes todas las señales anteriores, el
robo de pistolas en Francia la noche anterior al debate en el
Parlamento Europeo, las cartas de extorsión, el hallazgo del zulo, la
violencia callejera... Zapatero contrajo, al decir de la banda, algunos
compromisos... que el Gobierno niega. ¿Quién dice la verdad?
Recuerdo
haber leído a Mayor Oreja anticipar que si Zapatero creía poder manejar
a ETA como lo hizo con Esquerra Republicana, se equivocaba. No puedo
dudar de la sagacidad de D. Jaime, quien de nuevo acertó en su
pronóstico, como tantas veces antes.
En cualquier caso, el
acuerdo del Congreso de los Diputados, aprobado con el único voto en
contra del PP, que autorizaba a Zapatero a iniciar los contactos con
ETA en ausencia de violencia ha sido flagrantemente incumplido, porque
sí ha habido violencia. La misma amenaza de emplearla si no se cedía a
sus pretensiones ya es violencia. Zapatero ha incumplido el acuerdo del
Congreso, ha incumplido -de nuevo, al decir de los terroristas- lo
acordado con ellos, ha roto el consenso antiterrorista..., pero no ha
roto el proceso.
Y la segunda frase la escribe Martín Ferrand,
quien brevemente resume la única conclusión posible: "El final de ETA
será consecuencia de la acción judicial y policial o no será". Una
conclusión que, por cierto, no necesitaba de la bomba de Barajas y a la
que, si el proceso no está roto, todavía no ha llegado Zapatero; una
conclusión a la que se podía llegar con la sola experiencia de
gobiernos anteriores, y que Zapatero ha desdeñado. Que sólo sea posible
acabar con ETA desde el acoso, legítimo, ineludible e implacable,
judicial y policial, no significa otra cosa que el retorno al Pacto
Antiterrorista. Y eso, de momento, queda descartado.
Y un
corolario, al margen del "proceso". La triunfal y, con esta nueva
perspectiva, patética comparecencia de Zapatero el día anterior
demuestra la inmensa, absoluta ineptitud de Rubalcaba, más inteligente
para la maquinación que para la gestión. La frase de D. Alfredo, que
también reproduce la prensa: "Nadie podía imaginar que se fuera a
producir un atentado en este momento", no sólo contradice la percepción
de los ciudadanos, las amenazas nada veladas de ETA y los propios
testimonios de responsables de la lucha antiterrorista que sí lo
imaginaban y esperaban precisamente para antes de fin de año, sino que
debiera haber sido el prólogo de su inmediata dimisión. Tal declaración
de impotencia e imprevisión no es entendible sin el cese fulminante, de
oficio o por propia iniciativa.
Ante el mantenimiento del
"proceso" y la permanencia de Rubalcaba en su puesto, quien
posiblemente sepa más que nadie de lo sucedido el 11-M, vuelve a cobrar
sentido la vieja pregunta: "¿Qué le debe Zapatero a ETA?"