Aragón Liberal
Ley Divina es, por tanto, la regla de la verdad ética, la medida del
bien y el mal, la autoridad soberana irreversible y absoluta para
hombres y ángeles. «La Ley Eterna» dice San Agustín. Y está impresa en
todo hombre. Basta que quiera escucharla.
25/02/07
La Conciencia en
www.aragonliberal.es“Parece,
pues, que hay casas extremos en que la conciencia puede entrar en
conflicto con la palabra de un Papa, y hay que seguirla a pesar de la
palabra del Papa. Deseo ahora situar esta proposición de un modo más
general aplicable a todos los católicos, y para hacerlo debo empezar
con el Creador y su Criatura.
El Ser Supremo es lo que
en lenguaje humano llamamos un ser ético. La justicia, la verdad,
sabiduría santidad, benevolencia y la misericordia son características
eternas de su naturaleza, y la Ley de Su Ser; Ley que es idéntica a Él
Mismo Cuando se hizo Creador, implantó esta Ley —que es Él mismo- en la
inteligencia de sus criaturas racionales. La Ley Divina es, por tanto,
la regla de la verdad ética, la medida del bien y el mal, la autoridad
soberana irreversible y absoluta para hombres y ángeles. «La Ley
Eterna» dice San Agustín «es la Razón Divina o, también, Voluntad de
Dios que obliga a la observancia y prohíbe la perturbación del orden
natural de las cosas». «La Ley Natural» dice santo Tomás «es una
impresión de la luz divina en nosotros, una Participación de la Ley
Eterna en la criatura racional». Esta ley en tanto que aprehendida por
la mente de cada hombre, se llama Conciencia; y aunque puede sufrir
deformación al pasar al medio intelectual de cada uno, no se ve
afectada hasta tal punto que pierda su carácter de Ley Divina sino que
conserva, como tal, la prerrogativa de ser obedecida [...]
Esta
visión de la conciencia, lo sé, es muy diferente de la que
ordinariamente se tiene, tanto en la ciencia / como en la literatura y
la opinión pública hoy día; se funda en la doctrina de que la
Conciencia es la Voz de Dios, mientras que hoy día está muy de moda
considerarla, de un modo u otro, como una creación del hombre.[....]
Así
es al menos como entiendo yo la doctrina protestante y la católica. La
regla y medida del deber no es ni la utilidad, ni la conveniencia
personal, ni la felicidad de la mayoría ni la conveniencia del Estado,
ni el bienestar, orden y pulchrum. La Conciencia no es una especie de
egoísmo previsor ni un deseo de ser coherente con uno mismo; es un
Mensajero de Dios que tanto en la naturaleza como en la gracia nos
habla desde detrás de un velo y nos enseña y rige mediante sus
representantes. La conciencia es el más genuino Vicario de Cristo, un
profeta en sus mensajes, con autoridad perentoria como la de un Rey; un
Sumo Sacerdote en sus bendiciones y en sus anatemas. Auque el eterno
sacerdocio dejara de existir en la Iglesia, en la conciencia
permanecería el principio sacerdotal y en ella tendría su poder.
Afirmaciones como estas no son más que hueca charlatanería para el gran
mundo de la filosofía de hoy”. [Pg 74]