Aragón Liberal.-
Sin entrar en consideraciones sobre lo acertado o no de las reglas de
un concurso que se somete libérrimamente a la voluntad popular, quiero
hacer unas consideraciones sobre el "sacrosanto" valor de la democracia
y del voto popular.
26/03/07
¿Puede haber algún valor superior a los valores democráticos?
Estamos
a principios del siglo primero de nuestra era. Hay una excursión
nocturna dirigida por un tal Judas y se captura a un hombre que está en
vela en un huerto en las afueras de Jerusalén. Se establece un consejo
público de los ancianos del pueblo y no pueden probar las acusaciones,
falsas, que se hacen a ese hombre hasta que alguien le pregunta en
nombre de Dios Vivo si es el Hijo de Dios. Afirmó y no negó. Fue
declarado culpable de blasfemia y reo de muerte... pero las leyes
romanas se han arrogado la competencia exclusiva para la pena capital y
llevan a ese inocente, culpable ciertamente de sanar enfermos, dar de
comer al hambriento, resucitar muertos y dar paz a los corazones, ante
Pilatos.
Pilatos en varias ocasiones afirma la inocencia de ese
hombre, pero somete la decisión a la "sacrosanta" voluntad popular que
elije la liberación de Barrabás, culpable de sedición y asesinato.
Declarando también la inocencia de ese hombre lo manda azotar, casi lo
mata en ese castigo sin ninguna razón y propone de nuevo la liberación
del inocente. Los gritos de la muchedumbre son cada vez mayores y,
protestando la inocencia del reo, el mismo que dice "es inocente",
obedece la "sacrosanta" voluntad del pueblo y le manda crucificar.
Esta
es una lección clara sobre los límites de la "sacrosanta voluntad
popular". ¿Es democracia poder decidir todo, el bien y el mal, premiar
a un blasfemo y condenar a un inocente? ¿es democracia decir que
"porque le han votado" aunque te llame hijo de puta, no puedo saltar
las reglas que me he impuesto? ¿no hay un mínimo de criterio ético
sobre las letras que van a ser premiadas en un concurso? ¿todo vale,
incluso las láminas blasfemas de Badajoz?
Herodías odia a Juan,
aprovecha una fiesta que da Herodes, baila su hija Salomé. Y Herodes
hace una promesa: "te daré lo que pidas aunque sea la mitad de mi
reino". Salomé pide la cabeza del inocente. Juan es decapitado.
Las
leyes ¿pueden ser inicuas? Y si son inicuas, ¿hay que obedecer cediendo
la cabeza del inocente? ¿No es preciso que por encima haya un valor
superior: la dignidad de las personas, la vida humana, la integridad de
la fama y del honor?
Pequeños deslices en la "sacrosanta
voluntad de la mayoría". Premios a letras censurables, arte blasfemo...
¿no chirrían esos cerebros dándose cuenta que la "voluntad popular" no
es un dios, no es un creador de la bondad ni de la verdad?
Deberían
aprender algunos de sus "errores" y corregir las elecciones de la
mayoría con la mínima ética y respeto a la dignidad ajena. No es tan
difícil.
frid