Aragón Liberal:
26/03/07.-Para atajar el ingente número de abortos que eleva día a día
la estadística de la muerte, la sinrazón y la oscura vorágine
socialista del Gobierno de Aragón pretende fomentar la píldora del día
después como si ésta no fuera en absoluto abortiva.
La
Consejera de Sanidad y Consumo de Aragón, Luisa Mª. Noeno, manifestó en
sesión plenaria que las mujeres necesitan más información
anticonceptiva para evitar abortos, justificando además la “píldora del
día después” como un método eficaz que previene los embarazos no
deseados. También abogó, como no, por el uso del preservativo, pues al
parecer lo considera garante de la infecundación, amen de ser el centro
nuclear del éxito en las relaciones sexuales, eso sí, estrictamente
genitales, o lo que es lo mismo las denominadas relaciones sexuales sin
rostro.
Sin duda a la precitada Consejera se le ha
olvidado en su programación educativa-sexual para la juventud, incluir
dentro de la sistemática clasificación contraceptiva que con tanto
ahínco persigue, y quizá me atrevería a decir que de forma alevosa, una
técnica infalible, de sencillo manejo, y que asimismo no precisa de
ningún coste económico adicional que dificulte su implementación: la
abstinencia.
Si realmente pretendemos que la libertad sea la
bandera de nuestra democracia que ondee en las sociedades modernas y
tan abiertas del incipiente siglo XXI, los cargos públicos, en este
caso, deberían exhibir explícitamente todo el extenso abanico de
posibilidades existentes en torno a la anticoncepción para que la
elección final de los ciudadanos “usuarios” no fuera fruto del un error
de omisión por ocultar aquel método tan digno como coherente.
Educar
en un amor comprometido, compartido, formal, con entrega total y
huérfano de apetencias egoístas, evitaría disgustos no deseados y
alimentaría por todo ello el concepto de la felicidad conyugal
vinculada a la procreación.
Las medias verdades nunca han sido
buenas aliadas de la justicia. La deformación de las conciencias no
debería ser objeto de las agendas institucionales, pues el triunfo de
la libertad reside en elegir de entre las cosas buenas, la mejor, y
nunca la más interesada. En puridad de criterio creo que los ideales
trasnochados del eclipsado icono del “capullo socialista” deberían
dormir en el sueño de los justos en aras de resurgir unas generaciones
bien trabadas en donde la sensatez y el sentido común primasen sobre
las prostituidas intenciones de quienes pretenden aplastar a la flor
más hermosa del jardín universal, es decir, a la inocente, pura y
tierna juventud de la tristemente manoseada y restregada sociedad.
Vicente Franco Gil.