No
sé si os acordáis de una viñeta gráfica que salió por reyes este año...
Estaba Pepito, un chaval pobre, junto a otros que tenían esos conches
teledirigidos último modelo. Ellos le preguntaban ¿A tí que te han
traido los Reyes?... A mí, mi madre me ha dado un par de besos y mi
padre un abrazo... Y a coro exclamaron los otros chavales: ¡Huy, qué
suerte!
Ahora siento no haber guardado la viñeta porque muestra
algo grande y actual. El rico era Pepito, tenía un papá y una mamá que
le querían, que estaban pendientes de él, que no le sobornaban con
juguetes para que no incordiara. Pepito, en su pobreza, era el rey de
la casa, la ilusión de sus padres. Era rico en cariño.
Muchos
hemos sido como Pepito, hijos de unos padres que se han sacrificado
para sacarnos adelante, que no han tenido ni Televisión, ni coche, ni
finca en la Playa... pero qué divertida era la vida en casa y, en esos
veranos interminables, en el pueblo... donde con un palo eramos
exploradores, guerreros, cazadores, reyes, y tantas cosas arropadas por
una imaginación que suplía la cruda realidad de ese pedazo de madera.
Hoy,
para ser feliz hay que tener ¡tantas cosas! que es muy, pero que muy
difícil. No digo que debamos volver a la pobreza del niño de la
viñeta... pero sí a la valoración de las cosas con un sentido distinto.
Acumulemos la riqueza del cariño, del tener tiempo para estar con los
que realmente nos importan... y veremos cómo ponemos un granito de
arena y otro, y otro... para hacer más humana la convivencia.
Frid