Aragón Liberal.
Por Manuel de la Hera.- 30/04/07: Los podrá haber mejores, pero creo
que ha sido bastante completo el domingo último del mes de Abril. Se
esperaba el nacimiento de la segunda hija de los Príncipes de Asturias
y llegó, con toda felicidad, en ese día.
Un domingo muy completoLos
podrá haber mejores, pero creo que ha sido bastante completo el domingo
último del mes de Abril. Se esperaba el nacimiento de la segunda hija
de los Príncipes de Asturias y llegó, con toda felicidad, en ese día.
Las emisiones de TV proporcionaron toda clase de detalles, incluida la
presencia del padre ante los periodistas para proporcionarles los
detalles del caso. Todo discurrió con normalidad, agrado y amabilidad.
Ante un nacimiento se abre siempre el deseo de felicidad. Es la llegada
de un nuevo ser humano a este mundo y estamos obligados a prestarle
apoyo para que su vida tenga calidad. Es la hermosa responsabilidad a
la que estamos llamados; la de hacer comprender, a cualquier ser
humano, que la vida es sacrificio por amor a los demás. Sacrificio ese
que no supone tristeza sino alegría.
El sentido de la vida se va
forjando día a día. No es algo que se proporciona por medio de un
documento sino que se logra con decisión y trabajo, tanto por quien ha
de usarlo como por parte de quienes tienen la obligación de educar. Los
padres son los responsables de esa misión, tan espléndida como llena de
dificultades. Responsabilidad que hay que asumir no como imposición
sino como un derecho y un deber fundamentales. Los hijos nunca han de
ser tratados como una carga molesta, sino como lo que son: una
presencia real del amor sincero, fuerte y pleno, de dos almas generosas
que se unieron. La noticia del nacimiento de esa niña hacía pensar en
todas las niñas y niños que nacían en ese mismo día y en las madres y
padres que los recibían. El hogar de cada una de ellos será distinto en
lo material, desde lo suntuoso hasta lo más humilde, casi sin nada,
pero que en ninguno falte amor al hijo que llegó.
Así fue
transcurriendo el domingo, con imágenes de bodas, nacimientos y
bautizos a las que se unieron los recuerdos personales de hechos
similares. Los años proporcionan la riqueza de los recuerdos de la
vida, de ese particularismo bagaje en el que fueron entrando tantas
emociones, ilusiones, logros, desencantos, tristezas y alegrías a lo
largo de los días. En un día así, como el del domingo, fueron acudiendo
a la mente y al corazón detalles de los nacimientos de los hijos,
nietos y bisnietos. Eran como un gran desfile por el camino hecho de la
vida. Fue un encuentro con lo ya vivido, con aquellos momentos de gran
relieve en los que acaecieron los nacimientos de los componentes de la
familia. Encuentro ese que ponía de relieve que fue muy bueno vivir
junto a los hijos cada uno de los momentos de sus vidas.
Fue muy
buena esa apertura del bagaje de los recuerdos, motivada por el
nacimiento de Sofía, Infanta de España, y con ello casi no dio tiempo a
saborear el tenis del campeón Nadal ni los resultados en la Liga de
fútbol.
Fue un domingo muy completo, agradable y evocador, sin
disgustos, amenazas ni sarcasmos de unos u otros. Hubo cosas muy
humanas en las que pensar y celebrar. Como los nacimientos de niñas y
niños a los que hemos de enseñar a vivir en paz.
Manuel de la Hera.- 30.Abril.2007