AL PRINCIPIO DEL PRINCIPIO (la prim era historia de amor jamás contada)

Por Álvaro Vázquez Prat - 21 de Junio, 2007, 8:48, Categoría: Pro Vida

AL PRINCIPIO DEL PRINCIPIO (la primera historia de amor jamás contada) 

Al principio del principio, la mañana que el Relojero da cuerda a ese reloj llamado Vida…los afectos, valores y sentimientos no son completamente ciegos.

Al principio del principio, la mañana que el Relojero da cuerda a ese reloj llamado Vida…los afectos, valores y sentimientos no son completamente ciegos.  

Es mañana, ese momento, tiene una historia muy, muy larga. Historia transmitida en el género humano desde hace miles de años.

Es la historia de la Vida.   En ese momento, esa mañana, dos células (óvulo y espermatozoide) se fundirán en lo que resultará la expresión más bonita de una historia de amor, la Vida.   Como en cualquier otra historia de amor, cada cual, cada una de esas células expresará lo que es, su yo particular, su esencia, su código genético. Es decir, su propia Vida que, dividida en 23 pedacitos o cromosomas y con una longitud de 1 metro, conlleva una parte de todo aquello que somos todos y cada uno de nosotros. 

Tras la fecundación, cuando el hábil, rápido y veloz espermatozoide fecunda el correspondiente óvulo, ese extracto, esa entidad, esa existencia se funde para dar lugar a una nueva Vida, nuestra vida. Entonces todo nuestro yo, nuestra fragancia, se encuentra en dos metros de cinta en la que, por medio de un código específico, están definidas todas las características de la futura persona.

Podemos decir que todo ello, tal información, esos dos metros de cinta cabrían apretadamente en la cabeza de un alfiler; y que la cantidad de letras que en dicha cinta llega a haber escritas, supera en cinco veces las de la Enciclopedia Británica.

 Ese es nuestro código genético, esa cinta somos lo que somos y lo que seremos; esa cinta es la expresión codificada de nuestra Vida.   Y esa es la expresión de una bonita historia de amor que, entre óvulo y espermatozoide, ocurre esa mañana que el Relojero da cuerda al reloj llamado Vida; y donde los afectos, los valores y los sentimientos no son completamente ciegos. Y no lo son porque es uno, y sólo uno, el espermatozoide que por su bravura, coraje, fortaleza y tesón llega hasta ese óvulo que lo ha enamorado. Y a él le ofrece lo mejor de si, su fragancia, su código genético, su propia vida, al objeto de obtener de ello, de tal unión, la máxima expresión del amor, la Vida.


 Y en agradecimiento a esa entrega por parte del espermatozoide, el óvulo, en prueba de su amor y fidelidad se “blinda”, se protege de la entrada de cualquier otro espermatozoide, garantizando así la entrega mutua y total de uno a otro.

  Es un momento de tal intimidad, de tal entrega, de tal generosidad, donde abiertamente se dan mutuamente la Vida el uno al otro al objeto de obtener otra, en la que una parte de ambos existirá hasta su muerte. Su amor les llena de un altruismo tal que sólo puede explicarse por algo más grande, la obtención de una Vida mutua y compartida.

 No se puede explicar semejante proceso de donación, entrega, generosidad, afectuosidad y amor sin los valores, afectos y sentimientos que den garantía a un proceso vital, esencial y necesario para la continuidad de la Humanidad.  Es por ello que “Al principio del principio, la mañana que el Relojero da cuerda a ese reloj llamado Vida…los afectos, valores y sentimientos no son completamente ciegos”. 

Zaragoza a 20 de mayo de 2007

Álvaro Vázquez Prat.Médicos por la Vida – Aragón.Miembro del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia.

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