SE NECESITA UNA TERCERA ESPAÑA.

Por Adolfo Herrera W. - 18 de Septiembre, 2007, 8:55, Categoría: Opinión






SE NECESITA UNA TERCERA ESPAÑA.

Adolfo Herrera W., presidente del pCUA



En mi título proclamo la absoluta necesidad de la "TERCERA ESPAÑA"; la idea no es mía, no es nueva y a lo largo de los últimos trescientos años ha sido un anhelo no cumplido ni tan siquiera iniciado; aunque han sido muchos los que lo han intentado. Normalmente desde Jovellanos para acá, han sido muchos los intelectuales que a título individual o incluso agrupados en Ateneos, Institución Libre de Enseñanza, Sociedad de amigos del país, etc., lo han intentado. A la mayoría de ellos a pesar de su valía personal, y de la probada honestidad de su trayectoria y de sus propósitos, les fué mal. Muchos fueron hechos presos, otros la mayoría los apartaron de Cátedras y de puestos de cierta relevancia, a casi todos les dejamos olvidados y arrumbados en los libros de Historia. Siendo importantes los personajes, más importante, creo yo, que son las ideas por las que ellos dieron sus vidas y a las que dedicaron la práctica totalidad de sus esfuerzos.


Como sabemos, España ha vivido siempre inmersa en una dicotomía cuando no en una división irreconciliable que ha ido enfrentando a lo largo de nuestra historia moderna a unos hermanos contra otros. No se me malinterprete, no hablo de guerra entre enemigos irreconciliables de partida: guerra de moros y cristianos; hablo de luchas sangrientas, de envidias, de maledicencias, de enconos y de enfrentamientos fratricidas, evidentemente valga la redundancia, entre españoles que posicionándose en creencias claramente encontradas han sido los causantes de los mayores desastres y del secular atraso en que hemos vivido hasta la llegada de la democracia, después de la muerte del General Franco. Los rasgos más crudos de este enfrentamiento han sido puestos de manifiesto por artistas, poetas y escritores: desde Goya pasando por Antonio Machado (españolito que vienes al mundo te salve Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón).


De 1701 a 1715, Guerra de Sucesión. Como sabemos la entrada del Duque de Anjou, luego Felipe V, que fue la solución mejor que los partidarios de la continuidad de la Monarquía española y sobre todo de la no fragmentación del basto Imperio -codiciado por Francia e Inglaterra -, supuso que los partidarios del hermano del rey Carlos II, fallecido sin descendencia, con el afán de mantener sus fueros y privilegios de notables, propusieran al hermano austríaco el Archiduque Carlos de Austria. En esta guerra civil que marca el fin de la dinastía de los Habsburgo y la entrada de los Borbones en España, los restos de la Corona de Aragón pierden la guerra y ven desaparecer o muy limitados sus fueros. Esto hoy forma parte del "mito de la invasión de Cataluña por Castilla", que como tal mito no es más que una lectura interesada y torticera de algo que no fue más que una guerra civil, que contemplada con perspectiva histórica supuso la entrada de la modernidad en España, así como de una administración seria y eficaz. Dicho sea de paso Cataluña, y su industria de tejidos se vieron netamente favorecidos porque el nuevo rey, nieto de la Infanta María Teresa y de Luis XIV, posibilitó que Cataluña entrase también en el comercio con las posesiones en América.




Desde antes, durante y después de la invasión de Napoleón, apenas un reposo en el reinado de Carlos III -un rey ilustrado- que le dio brillo, estabilidad, esplendor y prosperidad a la Monarquía, a las instituciones y a España; nuestro país y nuestra sociedad no ha disfrutado de un período de paz, de calma y de concordia que le permitiese trabajar todos unidos en una sola dirección y con el alto propósito de hacer de España una sociedad moderna, avanzada y próspera. Así nos hemos dividido en afrancesados y patriotas; en partidarios de la "Pepa" y partidarios del rey Fernando VII (vivan las cadenas); entre isabelinos y carlistas; entre republicanos y restauradores; entre liberales, conservadores y ultracatólicos; entre monárquicos y republicanos. El intento de Cánovas del Castillo de hacer una España liberal-conservadora que agrupara, aunara y fundiera a la mayoría de las voluntades, se frustra con su asesinato. De aquí a la dictadura de Primo de Rivera; a la declaración de la República; a la desastrosa, execrable y cruenta Guerra Civil (1934-1939) y a la "paz" de Franco, que acabó de liquidar cualquier atisbo de concordia y entendimiento, de reconciliación sobre bases racionales y lógicas. Los términos "rojos" , "nacionales", indican dicotomías y enfrentamientos irreconciliables; más recientemente: "fachas", "comunistas". En fin, pongan ustedes todos los epítetos y palabras al uso que se les ocurran; el acerbo de palabras y frases hechas para descalificar, zaherir, desdibujar, en una palabra, despersonalizar al adversario político y convertirlo así en un enemigo sin rostro, sin vida y sin derechos; ni siquiera el de la duda, ni el de opinar es en nuestra larga historia en común abundante y lustroso. A todos los que han intentado la Tercera España, la España de la concordia, la España que separase a esos dos bandos ciega y fieramente enfrentados desde hace siglos, les han anulado o ninguneado. Recuerdo a don Julián Marías, nuestro gran filósofo y discípulo dilecto de Ortega, al que ni unos ni los otros, ni siquiera al final de sus días le reconocieron el enorme mérito y las grandes aportaciones que ha hecho por una España próspera, justa y en paz. Pertenece a Julián Marías la frase que define muy bien su posición respecto de la Guerra Civil: no estoy ni con los justamente vencidos ni con los injustamente vencedores.


Ahora bien, que no se piense nadie que nosotros los del pCUA (Partido Ciudadanos Unidos de Aragón), cuando hablamos de la Tercera España lo que pretendemos es olvidarnos de que España existe, de nuestra historia o que deje de dolernos todo lo que nos acontece. Les recuerdo la advertencia de Ortega: "el español que pretenda huir de las preocupaciones nacionales será hecho prisionero de ellas diez veces al día, y acabará por comprender que para un hombre nacido entre Bidasoa y Gibraltar es España el problema primario, plenario y perentorio". Hoy sigue siendo exactamente igual, la diferencia es que para nosotros el problema, siendo complejo, no se reduce a enfrentarnos los unos con los otros; para nosotros el problema es exactamente eso: el enfrentamiento, la sinrazón, las pasiones partidistas, el intento de anular y excluir y convertir al adversario en enemigo. Para nosotros, el pCUA y para muchos millones de ciudadanos españoles que están, y somos en la práctica prisioneros de ese enfrentamiento histórico, el problema es precisamente eso. Ese es el "nudo gordiano" de la convivencia entre los españoles y esta es la situación que por todos los medios a nuestro alcance y como única forma de supervivencia como sociedad, debemos superar y solucionar para siempre.




Fuimos muchos los que pensamos que la Constitución de 1978, fruto del pacto y el consenso, del patriotismo y de la visión de futuro, rubricaba la reconciliación y marcaba el inicio de una nueva época. El mutuo perdón, el deseo de trabajar y construir un futuro juntos, el reconocimiento del prójimo como nuestro propio yo; el tender la mano al adversario y el ponernos de acuerdo para resolver de verdad los problemas que importan a los ciudadanos. Así ha sido durante al menos 27 años; los más fructíferos de la historia de España. En este período de tiempo, nuestro país y los españoles hemos sido capaces de construir el futuro y de asegurar cotas de libertad y bienestar nunca antes conocidas. ¿Qué es lo que ha cambiado para que de nuevo surjan los fantasmas del pasado con más fuerza e irracionalidad que nunca? ¿A quién interesa de verdad una España dividida en dos y permanentemente enfrentada en luchas de intereses de grupo o de partido?

¿ O es que acaso ésta es la estrategia para que la clase dirigente (grandes empresarios, banqueros, políticos, constructores, sindicalistas, ONGs y un sinfín de grupos y grupúsculos subvencionados) se perpetúen en el poder y tengan prisioneros de su propia dinámica a la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país, que dicho sea de paso, no se sienten representados por ésta clase dirigente, de ahí que no acudan a votar. Por eso yo les propongo, queridos lectores, que relean de nuevo a Ortega, Azaña, Julián Marías, Salvador de Madariaga y otros, que muy fundamentada y juiciosamente invitaron muchas veces a superar las diferencias, a trabajar en común y a tirar del carro de todos con fuerza y solidaridad. El tiempo se nos acaba, nos apremia y cada día se hace más necesario un tercer partido que permita de verdad que la inmensa mayoría de los españoles (+ 50%) que en la práctica ya viven en ella, tomemos las riendas de la gobernabilidad, de forma democrática y con el ánimo y la visión puestos en el futuro y al servicio de todos los ciudadanos de España, sin distinción de ningún tipo. Esa es mi oferta, ese es nuestro partido y todo esto es y será posible si nos ponemos ya en marcha sin más dilaciones. No podemos dejar que la situación empeore aún más y nos acabe a todos devorando.


Los partidos Socialista y Popular, más preocupados en sus propios intereses, que en resolver los problemas reales que de verdad tenemos los ciudadanos de España, nos brindan, un día sí y otro también, un lamentable espectáculo, absolutamente desmovilizador y que anula cualquier intento de reconciliación y de trabajar de común acuerdo en las cosas fundamentales para que de verdad España y los españoles, en consecuencia, progresemos. Con esta dinámica la cual parece no tener fin y en donde no aparece ni una sola voz que hable de concordia y de progreso real lo único que están consiguiendo es que los enemigos (por intereses muy perversos y egoístas) de España y de la unidad en la diversidad se aprovechen de la situación y cada día consigan hacerse con más espacios de poder que favorecen muy especialmente a sus grupos en detrimento de la solidaridad que la Constitución de 1978 consagra como Derecho y obligación entre todos los españoles, así catalanes y vascos y en menor medida los gallegos están haciendo en la práctica una España confederal y lo que es peor, asimétrica a su favor. Se aprovechan y consiguen privilegios y gabelas que de ninguna otra manera, respetando el juego democrático y la solidaridad y la justa distribución entre todos los ciudadanos españoles conseguirían. Es tan absurda y destructiva esta situación en la que unos pocos acaban condicionando los bienes, los derechos y las propias vidas de los más. Llevados al extremo algunos pretenden incluso retrotraernos a las famosas y fallidas utopías de las "Repúblicas democráticas socialistas", condenando al silencio y al exilio interno a la inmensa mayoría de sus propios conciudadanos. Meditemos con seriedad y rigor y verán como todo ello constituye un acicate más para romper este "nudo" que no es más que un dogal colocado en el cuello de los ciudadanos españoles que queremos trabajar, vivir en paz y prosperar, sin más peleas y sin tantas exclusiones. Les pongo de manifiesto que tanto la derecha como la izquierda españolas, históricamente incluso, comparten las mismas fobias y los mismos temores: son profundamente antiamericanos y antiliberales y no buscando muy en el fondo, ninguna de las dos visiones creen de verdad en la Democracia Ciudadana.


Les anuncio que somos ya más de diez las formaciones políticas Ciudadanas, que compartimos estos mismos principios y valores. Con todas ellas estamos en contacto y existe una clara voluntad de unión en una federación de partidos que nos permita ser una opción válida y eficaz de cara a las próximas elecciones generales. Demostrémosles a los de siempre que una vez más somos nosotros mismos los ciudadanos normales los que finalmente nos tenemos que sacar las castañas del fuego y que la democracia la hacemos nosotros, para nosotros y con nosotros.


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