EL PRECIO DEL AGUA Y EL DESTINO QUE SE LE DA

Por Agustín Maríné - 21 de Septiembre, 2007, 8:41, Categoría: Medio Ambiente



EL PRECIO DEL AGUA Y EL DESTINO QUE SE LE DA

 

El regadío, además de ser una actividad básica para alimentar a la población, tiene clarísimos efectos medio ambientales, tanto limitando el efecto invernadero debido al CO2 como el cuidado del territorio. Alguien tendrá que pargarlo. Por Agustín Mariné

El debate sobre el precio del agua y el uso que se hace de ella sigue estando presente en la opinión pública. Oímos que se malbarata el recurso; que la agricultura debe economizar parte de lo que consume; que el precio debe ser realista y no subvencionado, como ocurre actualmente. Pero los que opinan, no parecen considerar que para fijar el "justo precio" del recurso es necesario conocer el destino de los caudales dispuestos. Enviar el agua regulada a ciudades e industrias es una prioridad; luego aparece el aprovechamiento agrario, fundamentalmente el regadío; siempre hay que descontar el caudal ecológico del cauce para mantenimiento de la fauna y el paisaje. Según ordena la actual Directiva, habrá que facturar todos los caudales dispuestos a los usuarios, con la única excepción del caudal ecológico, que es y será gratuito.

Lo primero que salta a la vista es que el agua de industrias y ciudades se degrada enormemente al usarse, de manera que, para devolverla al medio es preciso un trabajo costoso y no del todo satisfactorio. Evidentemente este costo de regeneración debe ya facturarse al ofrecer el recurso a cada cliente: Se trata de soportar una "externalidad negativa" del uso urbano e industrial del agua. Por el contrario, el agua que se destina a la agricultura, en un 90% se restituye acto seguido al medio, totalmente filtrada y en forma molecular. El restante 10% se añade al nivel freático o a los cursos fluviales, y engrosa el antes nombrado caudal ecológico. Por lo tanto al facturar el agua de la agricultura no procede cargarle la externalidad negativa antes nombrada, ya que la misma planta regenera fisiológicamente el recurso.

Aún tenemos que dar un paso más: Es verdad que el agua agrícola se devuelve al medio, filtrada y en estado molecular y no hay coste de regeneración; pero además esta agua agrícola sirve para fijar carbono de la atmósfera y liberar oxígeno. O sea, que no solo no tiene la externalidad negativa antes nombrada, sino que tiene otra externalidad positiva: Fija el carbono y libera oxígeno. Este hecho real debe ser retribuido precisamente al crear la factura del recurso, abaratando de manera importante los caudales destinados al riego. Cada metro cúbico del regadío "atrapa" 6,4 kilos de CO2 y libera a la atmósfera 4,8 kilos de oxígeno. Esto son bienes públicos, que la civilización entera debe satisfacer, y para que se vea claro, ya en el mismo momento de creación de la factura del agua.

En resumen, el agua de ciudades e industrias debe encarecerse con el costo de su regeneración; y el agua de la agricultura debe abaratarse porque no se recicla, y además atrapa CO2 y libera oxígeno. ¿Cuánto valen 4,8 Kg. de oxígeno? Tal vez lo mismo que el metro cúbico que se usó para obtenerlos ¿No les parece?

Dicen estos días que España va a ser multada por no cumplir adecuadamente el protocolo de Kyoto. ¿No podríamos tal vez contabilizar el carbono sintetizado por los regadíos como contribución positiva evidente? Aunque no hayamos logrado reducir las emisiones, sí que los poderes públicos (creando el regadío) han logrado aumentar (y mucho!) la cantidad de carbono captado de la atmósfera. A los actuales promedios de producción bruta del regadío español, se elimina de la atmósfera cada año alrededor de 70 millones de toneladas adicionales de CO2, que no se hubieran retirado en las condiciones de aridez de nuestro país.

Promover el uso agrario de las aguas rodadas es la mejor política medioambiental posible: Se aumenta la cantidad de agua implicada en el ciclo evaporación-lluvia, y acto seguido se aumenta litro por litro las lluvias futuras; de paso se regenera todo el volumen de agua implicado, con un filtraje bioquímico perfecto y una vuelta al estado inicial molecular del recurso hídrico. Si el nivel de los Océanos es demasiado alto por culpa del deshielo de los casquetes polares, vale la pena aumentar la fracción de agua implicada en el ciclo evaporación-lluvia. Actualmente ronda el UNO POR MIL. Con los grandes planes de regadío que podrían pactarse en el marco de la ONU y la FAO, bien podríamos aumentar al 1,1 o al 1,2 por mil: Grandes superficies improductivas podrían regarse y generar de ellas la materia seca necesaria para ahorrar petróleo, que de todas maneras, al ritmo de explotación actual, pronto va a faltar. El regadío y la producción de biomasa, eso si que es política medioambiental inteligente.

Equilibraríamos las remisiones y bajaríamos el nivel del mar. Para eso tenemos la inteligencia: Para solucionar los problemas de raíz.

AGUSTÍN MARINÉ

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