|
Sobre Manuel Cháves. Las dos caras de Manolo...
Un buen amigo que no comparte la ideología socialista y que tampoco la milita; porque hay muchos que sin compartirla la militan, aunque lo más lógico y humano sería lo contrario, esto es, pensar en socialismo y no estar de acuerdo con una concreta formulación política; me ha hablado, en diversas ocasiones, del rostro amigable y familiar de nuestro presidente autonómico, Manuel Cháves.
Debo decir que yo solo conozco el político y en alguna medida el social. Lo he visto y oído en los debates parlamentarios; en la presentación de sus proyectos y programas; en la defensa de situaciones indefendibles, y he estado en diversos foros que contaban con su presidencia y nunca me gustó.
Tal vez sean demasiados años en el ejercicio del poder, tal vez sea que hay mucho de irrealidad en lo que sostiene o que entiende que es bueno mantenerse a toda costa, cueste lo que cueste y por encima del bien y del mal. Puede que su forma de decir en estos escenarios no sea ni transparente ni de buenas prácticas; no se, pero a mi no me gusta nada y lo siento mucho.
Siempre he defendido y ahora mucho más, que es buena la pluralidad y que es magnífico llevarse bien entre los que sostenemos diversos puntos de vista sobre una misma realidad. La realidad es una, única, y somos nosotros los que queremos verla en alguno de sus aspectos o tal vez nos hayamos limitado a contemplarla así.
Pues bien, me sorprendió y me alegró saber que Manolo tiene una faceta que yo desconozco, entrañable y cercana; capaz de compartir cosas sencillas con alegría y buen humor.
Éste debería ser y no el otro, su único semblante. El que quisiera, como andaluz, ver en mi presidente. Un presidente dispuesto a arriesgar el sillón por los andaluces, por todos. Y para que todos tengamos oportunidades en un gobierno plural y participativo. Éste es el único cambio auténtico y creíble que yo esperaría con mucha ilusión para Andalucía.
El siglo XXI es otro siglo, el nuestro. A ver si de una vez hacemos proyectos de futuro y no de pasado. Con un sistema democrático de alternancia que es la receta única para la salud pública y política.
Un nuevo siglo sin dogmatismos religiosos o laicistas, en el que conviva la diversidad de pensamiento. Un siglo sin discursos engolados o machacantes, como el que ahora oigo como fondo en una radio. Un siglo, en definitiva, más humano y tolerante, comprometido con la dignidad y la importancia de cada persona.
Javier Peña Vázquez * Málaga
|