A cada uno lo suyo, por Manuel de la Hera

Por Manuel de la Hera Pacheco - 25 de Septiembre, 2007, 9:18, Categoría: Opinión



A cada uno lo suyo

  

¡Mira que nos gusta disponer de lo que sea, aunque no entendamos del asunto!. Hay una gran afición, generalizada, a ser jueces en cualquier litigio sin que se hayan adquirido los méritos necesarios para ello; los méritos que proporciona el estudio y no el favor de alguien. Por buenas cualidades generales que se tengan no es posible pasar, de la noche a la mañana, a ser la persona adecuada para dirigir asuntos de mucha envergadura y responsabilidad. Esa persona, así elegida, no parece que pueda dar la talla en algo que desconoce. Eso, sin duda, no era lo suyo.

Es más, se le ha dado lo que a otra persona - la que más sabe de ello porque le ha dedicado su vida - corresponde en buena ley; para ésta sí que era lo suyo.

Y no es sólo que se haya despreciado a la persona idónea, sino que son muchas otras personas - en algunos casos la totalidad de la población de un país - a las que se perjudica ya que tendrán que sufrir las consecuencias de una gestión inadecuada; la que pueda llevar a cabo quien no dispone de la preparación adecuada para esa labor. ¿Por qué hacer ese daño a los demás, cuando se podría haber hecho el bien dando a cada uno lo suyo?. Si se tiene algún compromiso con alguien, o con algo, no hay por qué pagarlo haciendo mal las cosas.

Cuando el compromiso se trata de atender todas las necesidades de un país no hay duda de que habrá que actuar de forma que a cada uno se le atienda en lo suyo y para ello, antes que nada, habrá que conocer lo que es de ellos, lo que es de su patrimonio, de su responsabilidad, de su deseo; a lo que han conformado sus vidas con verdadero amor y no poco sacrificio.

Las personas que hayan contraído ese compromiso - el que a todo un país afecta - no debieran carecer de la preparación necesaria para llevar a buen fin esa misión. Ellas son las que en primer término deben juzgarse con total honradez, sin dejarse llevar por sus deseos ni por consejos interesados. Ellas son las que, antes que nada, han de saber lo que tienen, lo que hay en sus mentes y en sus almas y también lo que no tienen, lo que les falta para dar la talla, lo que en verdad es suyo - su capacidad para actuar con plena libertad y conocimiento en la atención a los demás - y lo que en verdad es patrimonio de otros, de su sentir de la vida.

A veces se oye hablar con ligereza de cuestiones muy importantes que afectan a lo que es propio de otras personas; se atenta contra la libertad que ellas tienen de mantener lo que es suyo, lo que es patrimonio de su sentir, las convicciones más profundas de sus almas. ¿Por qué ese afán de atentar contra lo que es bueno; contra lo que acaso no es lo suyo?.

Cuando se ama el derecho a la plena libertad de cada ser humano, se está en condiciones óptimas para proporcionar a cada uno lo suyo.

Manuel de la Hera Pacheco.- 24.Septiembre.2007

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