Fernando
Pascual
A
inicios de septiembre de 2007 la Autoridad Británica para la Fertilización y la
Embriología (cuyas siglas en inglés son HFEA) publicó un estudio favorable a la
legalización de experimentos que produzcan y usen embriones humanos “cíbridos”
(un tipo especial de embriones “híbridos”).
¿Cómo
funcionarían esos experimentos? Los laboratorios tomarían algunos óvulos de
animales. Después de quitarles el núcleo, introducirían en los mismos el núcleo
de una célula humana, y luego activarían el óvulo de forma que se desarrollase
como si fuese un embrión.
El
recurrir a óvulos de animales tiene varias motivaciones. Entre otras, se evitan
peligros que se dan en las mujeres cuando participan como donadoras de óvulos
en este tipo de experimentos. Además, aumentaría notablemente la disponibilidad
de óvulos para la experimentación, pues son menos los obstáculos que existen a
la hora de extraerlos de animales.
¿Qué
se obtendría con este tipo de experimentos? Se obtendría un ser vivo con un ADN
humano en el núcleo y con otros materiales biológicos (citoplasma, mitocondrias)
no humanos. Este ser vivo ha sido llamado en inglés “cytoplasmic hybrid embryo”
(también llamado “cybrid embryo”), “embrión híbrido citoplasmático”, en cuanto
contendría ADN humano y ADN animal (presente en las mitocondrias). El ADN
humano sería más del 99 % del ADN total, por lo que se supone que este embrión
sería prácticamente un embrión humano, aunque sobre este punto puede haber
ciertas dudas en el mundo científico, como diremos en seguida.
El
proyecto no es totalmente nuevo, pues ya se han realizado algunos experimentos
de este tipo en China y en Estados Unidos. Hay que tener en cuenta, además, que
en Gran Bretaña la ley permite producir embriones humanos destinados a la
investigatación (es decir, destinados a ser destruidos en un experimento). Lo
que ahora se propone es autorizar la creación y uso de embriones híbridos
citoplasmáticos.
Conviene
dejar claro que no estamos ante un clon, sino ante un híbrido especial, en el
que inicialmente el citoplasma es no humano y el núcleo sí es humano. No se
trataría, por tanto, de un híbrido en sentido estricto, que sería posible a
través de fecundar un óvulo animal con un espermatozoide humano (o un óvulo
humano con un espermatozoide animal).
Por
lo tanto, ahora no hablamos de embriones híbridos normales (en el caso de que
sea posible conseguir tal hibridación), sino de la eventual creación de
“embriones híbridos citoplasmáticos”.
Las
preguntas ante esta propuesta son muchas. La primera, la más importante, es:
¿qué se obtiene al hacer un embrión híbrido citoplasmático? ¿Es de verdad un
embrión? ¿Es un embrión humano? Para algunos, la respuesta sería afirmativa.
Pero otros tienen serias dudas: ¿no se trataría de una nueva especie animal en
la tierra, a mitad de camino entre lo humano y lo no humano? ¿No sería
simplemente un puñado de células desorganizado y, por lo tanto, que no llegaría
a convertirse en un verdadero embrión?
A
la hora de emitir un juicio ético hay que tener en cuenta las diversas
alternativas. Si el resultado del experimento fuese un embrión humano,
merecería el respeto propio de todo ser humano: es injusto producirlo y crearlo
para luego destruirlo, como es sumamente injusto el que ya sea posible crear y
destruir embriones humanos usando óvulos humanos.
Si
para algunos la hibridación produciría un embrión humano “especial” o raro,
ello no quitaría su valor, su dignidad: todo ser humano merece ser respetado y
acogido, defendido y tratado simplemente por ser lo que es, por su condición
humana, que le hace merecedor de un trato justo y de la protección ante
cualquier tipo de agresiones por parte de otros.
En
cuanto a los que tengan serias dudas sobre la condición humana del embrión
híbrido citoplasmático, la ética nos dice que tampoco en ese caso sería lícito
emprender estos experimentos, mientras no se supere el estado de duda. Nunca
será correcto usar y destruir un ser vivo producido en laboratorio sobre el que
se duda de si sea o no sea un individuo humano. En caso de duda no podemos
trabajar con realidades biológicas que pudieran tener el valor propio de todo
ser humano.
Por
lo mismo, este tipo de experimentos debería quedar totalmente prohibido
mientras subsista la duda de si se estarían produciendo seres humanos, aunque
fuesen seres humanos “especiales”: tener una diferencia especial o algo “raro”
no debe convertirse nunca en motivo para tratar a un ser humano como animal de
laboratorio.
La
segunda pregunta gira en torno al fin que se quiere dar a este tipo de
experimentos. Según nos dicen, la creación de embriones híbridos permitiría
producir células madre con el mismo ADN de personas con enfermedades como el
Alzheimer, el Parkinson o parecidas, para ver cómo se desarrollan tales células
y así estudiar las posibles maneras de prevenir o paliar esas enfermedades.
El
juicio ético sobre el fin supuestamente terapéutico de estos experimentos
depende de la respuesta a la primera pregunta: ¿cuál es el resultado obtenido
en el laboratorio al introducir ADN humano en un óvulo animal al que se ha
quitado el propio núcleo? Si se trata de embriones humanos, nunca pueden ser
usados, ni siquiera para el progreso de la medicina, pues ello va contra la
ética y contra la justicia. Si no hay una respuesta clara, tampoco sería lícito
usar esos embriones mientras no se salga de la duda.
Hemos
de recordar que nunca un fin bueno puede justificar un medio malo. Descubrir
nuevas terapias para enfermedades sumamente dolorosas no hace éticamente bueno
un experimento que pueda ir contra la dignidad y contra la vida de embriones
que sean humanos o sobre los que exista una mínima duda acerca de su posible
condición humana.
La
investigación científica sobre embriones híbridos es, por lo tanto, éticamente
reprobable. Los médicos, los científicos y la sociedad entera mostrarán su amor
a la justicia y su respeto de los principios éticos fundamentales si rechazan y
logran bloquear una experimentación tan llena de dudas y tan contraria al
respeto que merece cualquier ser humano, aunque sea un embrión pequeño y
desvalido.