En el mar y una vida con sentido.

Por foro aragón liberal - 3 de Octubre, 2007, 8:00, Categoría: Opinión



Una cariñosa indicación

De Aragón Liberal


Hace ya muchos años que mi viejo amigo el marinero - el que desde muy niño empezó a ser hombre en la mar - me reveló que alguien le había dicho que su quehacer en la vida era tan importante como el de cualquiera otra persona, ya que la labor de unos y otros - la de todos - servía para un mismo fin: el de la santidad personal. Era algo nuevo para él. Nadie le había dicho algo igual, ni tan siquiera su madre, pues ésta sólo tuvo tiempo para corregirle por las travesuras infantiles y, eso sí, a rezar cada día a Santa María



Quedó muy llena su mente - según me dijo - con esa noticia y le daba vueltas - de una u otra forma - tratando de encontrar la plenitud de esa nueva luz que alguien había hecho llegar a su entendimiento y que en su corazón también se había hecho un hueco. ¿Qué podría ser eso de la santidad personal?. Él siempre había querido ser algo así como lo que se dice o entiende cómo buena persona, pero lo otro, lo de la santidad, no lo acababa de entender y mucho menos para quien tiene que ocuparse de trabajar cada día sin horarios ni otras reglas que las que imponen, a los que navegan, las reglas de los vientos y las olas de la mar.


Mientras tanto, el tiempo pasaba y su trabajo seguía cada día a bordo de su pequeño barco, que había sido casi como su cuna en la mar. Unos días pasaba frío y otros recibía rociones de olas. El sueño le vencía y sus músculos no podían dar respuesta al esfuerzo que se les pedía, pero él insistía en hacer las cosas que debía porque ¿de qué otra forma podría alcanzar lo que se le había dicho, la santidad personal, si a bordo de su barco y faenando en la mar era donde se desarrollaba su vida?. ¿Acaso en el trabajo era donde encontraría la santidad personal; esa de la que un día le habían hablado?.


Mi viejo amigo empezó a tener respuestas - según me dijo - cuando se dio cuenta que no todo lo hacía como debía haberse hecho, cuando algo quedaba en desorden, cuando rehuía un trabajo penoso, ocultándose incluso, para que otro tuviera que hacerlo. Eso y otras pequeñas cosas del quehacer diario y del trato con los demás fueron las muestras, a veces muy dolorosas, de su quehacer como persona en ese camino del que le habían hablado; el de la santidad personal. Y vio que aquello necesitaba un motivo especial, el del amor a Dios.


Se dio cuenta que debía ser fiel - plenamente fiel - a la misión que a él le correspondía, allí donde su vida se hacía realidad cada día, en su trabajo y procurando que su actuación tuviera el sello del amor, el de la entrega al servicio de los demás, a los más débiles, a los más necesitados, porque en todo ello se reflejaba la santidad personal.


Las arrugas de su rostro, esos surcos labrados por los vientos y las aguas de la mar, cargadas de frío y de sal, son huellas visibles de su fidelidad.


Manuel de la Hera Pacheco.- 1.Octubre.2007

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