Todo necesita un periodo de aprendizaje y otro tiempo dedicado al mantenimiento de aquello que se aprendió. ¿Quién se dedica a esas labores?. ¿Quienes hacen posible que haya personas dispuestas a acabar con la vida de otra gente para que la sociedad les tenga en cuenta?. Con palabras no convencían...
Hay quienes siguen fieles a aquella expresión llena de cinismo: "Unos mueven el árbol y otros recogen las nueces". Claro que aquí no se trata de árboles ni de nueces, sino de agitación profunda en la sociedad y de personas muertas o heridas. ¿Quién anima a los que desatan, materialmente, la furia asesina de esos explosivos escondidos en los bajos de un vehículo, o en cualquier otro lugar?.
Quizá sean los mismos que después vuelven a hacer oír sus palabras tratando de convencer a los demás de lo que ellos postulan desde hace tiempo. Ante hechos de ese tipo es necesario ser totalmente claros; hay que rechazarlos con palabras y también con hechos claros y concretos que pongan de manifiesto, con rotundidad, que esas no son formas de apoyar tales o cuales pareceres. Palabras y hechos no explosivos.
Los hechos no tienen que ser violentos ni desagradables; ni siquiera incómodos. Los hechos deben ser reflejo fiel de los mejores sentimientos del alma; de la caridad de unos con otros, sin distinción alguna. Tienen que ser hechos que convenzan con toda naturalidad por su limpieza y rectitud, sin claroscuros ni recovecos, sin dobles techos ni dobles fondos de difícil visión. ¿Cuándo se aceptará un abrazo de cualquier persona sin temor a una agresión o a que le coloquen a la espalda un símbolo de inocentón?. Hechos sinceros y nobles.
Es necesario que se hable menos de lo que se habla hoy día. Hay una gran invasión de discursos que flotan en el ambiente de la sociedad y que vienen decir lo que ya se ha oído otras veces y que, además, mantienen un lamentable clima de desunión. Ya no se les presta atención; se necesita otra cosa, otra forma de hacer llegar al ánimo de la gente la ilusión para trabajar, todos juntos, en pro de una serenidad de vida, amable, libre y pacífica.
Ante la presencia de una nueva muestra de terror sanguinario, llevado a cabo en la mañana del pasado martes, las palabras deben ser las menos posibles, las justas para mostrar dolor por el hecho y por las heridas sufridas por Gabriel Giner en el cumplimiento de su deber y han de ir acompañadas por hechos sensatos y justos que evidencien claridad de juicio y firmeza, sin necesidad de muestras explosivas de ningún género.
Manuel de la Hera Pacheco.- 10.Octubre.2007