Porque
ello le ha privado de algo que valoro más que cualquier otra cosa en un
partido político, al igual que en las personas: la coherencia. Y le ha
privado de credibilidad y de autoridad moral para enfrentarse con
absoluta solvencia a la deriva disgregadora de nuestro país. Es en este
aspecto el partido más solvente, pero, lamentablemente, no totalmente
solvente.
Al pobre Ibarreche, que viene a tratar de convencer al presidente
del Gobierno de la buena voluntad que le anima para convocar un
referéndum de autodeterminación -por favor, léase independencia-, se le
está negando lo que se les ha otorgado a otros, con la oposición del PP
en unos casos y con su apoyo en otros. Vean si no:
En el caso de Cataluña, el artículo 29 relativo al “derecho de
participación” dice que “los ciudadanos de Cataluña tienen derecho a
promover la convocatoria de consultas populares por parte de la
Generalitat y los Ayuntamientos en materia de las competencias
respectivas, en la forma y en las condiciones que las Leyes
establecen”. También en su artículo 122, bajo el epígrafe de “consultas
populares”, dice que “corresponde a la Generalitat la competencia
exclusiva para el establecimiento del régimen jurídico, las
modalidades, el procedimiento, la realización y la convocatoria por la
propia Generalitat, o por los entes locales, en el ámbito de sus
competencias, de encuestas, audiencias públicas, foros de participación
y cualquier instrumento de consulta popular, con excepción de lo
previsto en el artículo 149.1.32 de la Constitución”, relativo a la
convocatoria de referendos.
Por otra parte, el Estatuto de Autonomía de Andalucía dice en su
artículo 30 sobre “la participación política” que “los andaluces tienen
el derecho a participar en condiciones de igualdad en los asuntos
públicos de Andalucía, directamente o por medio de representantes en
los términos que establezcan la Constitución”. El Estatuto andaluz
establece el derecho a promover la convocatoria de consultas populares
por la Junta de Andalucía, o por los Ayuntamientos, en los términos que
establezcan las Leyes.
Ya tiene Ibarreche otro motivo de agravio.
Aunque Bermejo ya anda matizando la negativa de Rodríguez Zapatero.
Él no ve tan grave la convocatoria del referéndum. Dependerá, ha dicho,
“de lo que diga la letra pequeña con la que se anuncie la consulta
popular”. Pero, ¿no es ilegal la convocatoria en sí, diga lo diga o se
consulte lo que se consulte? ¿Bermejo es un jurista? Pero más
preocupante es esa condición, esbozada por Zapatero, del acuerdo entre
vascos como requisito. ¿Si se produjera ese acuerdo ya sería condición
suficiente para la celebración? ¿A qué acuerdo se está refiriendo, a
uno entre PNV y PSOE, aunque finalmente se excluyera al PP, al modo
catalán? En todo caso, si tenemos en cuenta que en lo que respecta a
Zapatero no ha habido ninguna promesa que haya cumplido, ni un acuerdo
que haya respetado ni un compromiso que no haya traicionado, haríamos
bien todos en poner en suspenso su supuesta firmeza ante Ibarreche, y
éste recordar lo que antes les pasó a Maragall y a Mas.
La única conclusión que podemos extraer los españoles es
que, a pesar de la aparente firmeza de Zapatero, si éste vuelve a ganar
las elecciones cabe esperar cualquier cosa. Incluso que la negativa de
ahora ante Ibarreche se diluya y se disfrace de otra cosa. Y que se nos
obligue a aceptar pulpo como animal de compañía.