MI MEMORIA HISTORICA, por Rafael Ariza

Por Rafael Ariza - 20 de Octubre, 2007, 4:02, Categoría: Opinión

Aragón Liberal. 20.10.2007.  A la vista de los ríos de tinta y de saliva, utilizados ambos fluidos tanto en su forma natural, como, crecientemente, en forma arrojadiza, va apareciendo cada vez más claro que el polémico proyecto legislar la historia de nuestro gobierno revisionista-revolucionario, me refiero al proyecto, no tiene, o no tiene sólo para expresarlo con prudencia, como fin rendir un homenaje en forma de declaración escrita firmada y sellada, pero sin pensión, de que los muertos mal muertos estuvieron y los perseguidos mal perseguidos estuvieron, cosa que maldita la falta que hace ningún papel para dejar claro, porque todos lo tenemos ya sabido y reconocido hace muchos años, sino que persigue algo de mucho más calado histórico-revisionista-revolucionario, la cuestión de la legitimidad del régimen, del régimen actual quiero decir.



Revisionismo de la Historia.

Por: Javier Ariza



MI MEMORIA HISTORICA 
                             Se trata, en definitiva, de reescribir la historia con una finalidad muy concreta y desde luego interesada. Se trata de que el actual régimen es el heredero, trae su legitimidad de la Segunda República Española, y no de otra parte. La consecuencia práctica es doble, por un lado aquello que hizo aquella república será lícito hacerlo hoy, adoctrinamiento anticatólico incluido, y por otro lado, permite forzar a que aquellos que se opongan a la ley queden identificados con la España ilegítima, la Franquista. Para ello se parte de dos suposiciones apriorísticas, que el régimen Franquista era ilegítimo, mientras que la segunda república era legítima. Lo primero es cierto, es verdad que el régimen surgido de la guerra civil, trae su causa de una imposición, de una victoria militar, es verdad que contó con un apoyo masivo, pero sólo de media España, podrá decirse pues que era históricamente inevitable, pero nunca podrá decirse que era legítimo. Ahora bien, decir que el régimen republicano fuera legítimo, es una falacia. La república no surgió de un referéndum en que los españoles decidieran su forma de Estado, ni siquiera de una elecciones legislativas. El advenimiento de la segunda república, fue de facto un alzamiento. La República surge del incierto resultado de una elecciones municipales, municipales insisto, en las que, en número de votos, la victoria se inclinó del grupo, no quiero llamarle bando, de los partidos monárquicos, que sin embargo fueron interpretadas como el preludio de una revolución inevitable. Lo que diecisiete años antes había ocurrido en Rusia estuvo muy presente en las mentes de todos, y la legitimidad, la Corona, optó por evitar una conflagración civil. La república surge del aprovechamiento por una minoría de la intimidación de la mayoría, de una amenaza, en definitiva, del miedo a una revolución como la soviética. De todo ello trae su causa aquella "república democrática de trabajadores de toda clase", ahí queda eso, que desde el primer momento, con una manifiesta pretensión revolucionaria, se afanó por las buenas y por las malas, en borrar todo vestigio del régimen legítimo. No era de extrañar que la España perseguida clamara por acabar con el nuevo régimen perseguidor. La nefasta consecuencia fue la guerra civil y el ilegítimo régimen de ella surgido.



                  La verdadera legitimidad histórica, no es ni la de unos ni la de otros, sino la de todos TODOS, bajo la monarquía parlamentaria. Aquella legitimidad, usurpada por la intimidación y por la fuerza por dos legalidades distintas igualmente ilegítimas, se ha trasladado desde Don Alfonso XIII a Don Juan Carlos I, por mediación de un hombre extraordinario, verdadero depositario de la verdadera legitimidad, que, como Rey sin Corona, supo mantener con vida frente a todos lo vientos hostiles, vientos huracanados en muchos casos que soplaban de ambos lados, la legitimidad de la monarquía parlamentaria. El hombre que debió ser Don Juan III, y que de alguna manera, aún sin corona y en el exilio, lo fue.



                  Esa operación política magistral, llamada la transición, a la que tan poca importancia da el actual gobierno, no fue sólo un reencuentro entre los españoles, sino un reencuentro de todos los españoles con su legitimidad histórica. No es como se pretende ahora presentar tan irresponsablemente, un periodo transitorio para no se que involución-revolución, sino la recuperación tras dos nefastos periodos de sectarismos histérico-historicos, del régimen legítimo de España, la monarquía parlamentaria. Rey y Cortes.



                  Si hemos de recuperar la memoria histórica recuperemos la verdadera, que es también la presente y que debe ser la del futuro. Si sentimos la necesidad de poner las cosas en su sitio, si nos creemos obligados en reconocer públicamente a los perseguidos, a los excluidos, a los injustamente tratados, si hemos de cambiar los nombres de las calles para que reflejen la legitimidad de la historia, adelante. Dejemos de condenar éste o aquel régimen, ya condenados por la historia, y afirmemos con voz alta y clara, la legitimidad histórica de la monarquía parlamentaria. Reconozcamos la legitimidad histórica de Don Juan Carlos I, no porque fuera designado por Franco, al menos eso hizo bien en su vida ese Señor, sino por que él es el heredero de la dinastía histórica, como reza el artículo 57 de nuestra Constitución. Retiremos las cartelas de las calles donde diga Generalísimo Franco o Largo Caballero, y sustituyámoslas por una que diga "Avenida de Don Juan III".



                  Esta es mi memoria histórica, esta es mi verdad, y creo además, que es la verdad.
 
 
 



                              Rafael Ariza Guillén. 19 de Octubre de 2007.

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