Actualidad del futuro
Las páginas que se escriben, cada día, escritas quedan y las reciben quienes van aprendiendo a leer esos textos, cosa que no es tan fácil como pudiera parecer. A veces no los acaban de entender ni siquiera sus autores. Por eso se tropieza, una y otra vez, en eso que no se acaba de ver ni entender, pero que existe y puede hacer caer.
Es un error importante afirmar que el futuro nos lleva por un camino u otro. El futuro no nos lleva de la mano a ninguna parte. Nos encontraremos con él si nunca se nos ocurrió pensar hacia donde nos encaminaban nuestros pasos. Tal vez sea grato ese encuentro insospechado o puede que sea negativo. El futuro hay que construirlo, con todo el esfuerzo que ello supone. ¿Qué se hace para que el camino de mañana esté limpio de peligros?.
El hombre (el ser humano en general) no nace para ser una hoja seca que la levanta del suelo el viento de cada día, el que sea y que la desplaza a ráfagas y sin rumbo fijo, de acá para allá, subiendo y bajando en un vaivén tan caprichoso como agotador, sin servir para nada como no sea acabar en un basurero. El ser humano tiene inteligencia y voluntad para elegir, con plena libertad, el camino de su futuro; para crearlo, incluso, si fuera necesario.
El ser humano, mujer u hombre, quienquiera que sea con sus virtudes y defectos, es como una roca en la costa, abierta a temporales de vientos y aguas violentas que en ella golpean, con insistencia, una y otra vez. Si está bien asentada esa roca, si tiene fundamentos sólidos que la unen firmemente al acantilado de una tierra milenaria, vencerá siempre a los temporales que la frecuenten. Su futuro está definido desde siempre; valladar ante la violencia.
El ser humano - personalmente, bajo su responsabilidad - debe cuidar sus defensas para que sean útiles y adecuadas a ese fin para el que ha sido creado. Ese cuidado es el que hace posible que se mantenga abierto y claro el camino de su futuro. No le resultará nunca desconocido pues ya en el momento actual, en el de cada instante de cada día, se abre a la luz la esperanza del mañana deseado, en el que quiere encontrar la realidad de sus ilusiones.
Que el flamear de las banderas que llevas en tus manos, como símbolo de tu sentir, sea siempre la manifestación clara, vibrante y gozosa, de la firmeza de tus pasos en el camino que desde tiempo atrás - desde siempre quizás - emprendiste en la creación de tu futuro.
Camino en el que hubo dificultades serias y sufrimientos en la soledad del abandono o de la incomprensión, cuando no del desconocimiento y que tu bandera se entristecía como tú en el paso decidido hacia el futuro deseado. Ahora, como siempre, sigue creando tu futuro.
Manuel de la Hera Pacheco.- 7.Noviembre.2007