25.12.2007.
Navidad
Por: Fernando Ínigo
Quizá
para darnos una de las primeras lecciones, Dios fue a nacer entre
adoquines, pisadas de gente sencilla y abrigo de portal. Como para
decirnos: mi hogar es José. Mi hogar es María. Mi hogar sois vosotros,
mis hermanos. Todo lo demás está bien, pero no me es necesario. Un niño
necesita principalmente amor, espera ilusionada. calor humano, hogares
de piedras vivas. Y el Niño Dios, igual en todo a nosotros, no fue la
excepción.
Tira con lo puesto que
mañana será otro día. Ya saldrás, José, a ganarte el pan de los tuyos.
Y traerás al Niño pan, chocolate y la merienda para sus amigos cuando
tu Jesús vaya creciendo, entre brincos, juegos, risas, adivinanzas,
moratones al saltar las vallas, coscorrones y picardías. Traerás aquel
peluche para que el Niño lo muerda y ría. Una sonrisa que cruza el
mundo de esquina a esquina, que se abre a todos los corazones. Una
sonrisa que se pierde en el infinito, donde tus ojos de hombre no
alcanzan. Sólo intuyen.
No puedes entenderlo José. Nadie puede
entender este misterio de amor con mayúsculas. Tienes a Dios entre tus
brazos. Es la omnipotencia pero necesita que le ayudes a sacar el
piececito cuando se le atasca entre los barrotes de la cuna. Es la
salud de todos los hombres y le oyes llorar de noche por molestias y no
sabes qué le duele, ni qué darle en tu desvelo que le calme. Es la
Palabra y balbucea. La luz, y sus ojos de recién nacido no la resisten.
Puede caminar sobre las aguas pero tienes que llevarlo a hombros para
cruzar ese charco de la calle. Domina la tempestad con su voz, pero
corre ahora a refugiarse entre tus brazos porque un trueno le ha
asustado. Le debes todo a Él, y, sin embargo, tropieza al correr para
abrazarte cuando llegas a casa después de trabajo. Viste los lirios del
campo, las praderas, el universo de estrellas. Pero hoy se ha puesto la
túnica del revés. Y le cambias, y le enseñas. Y sonríes, y lloras. El
Cielo te está besando.
Es Nochebuena. María canta a su Niño
una canción de cuna. El latido de tu corazón de madre le tranquiliza en
su primera noche fuera de tus entrañas. Tu vientre es el primer
Sagrario. ¿Cómo no ibas a ser nuestro mejor refugio, Madre? Si ha
nacido por nosotros, pecadores. Si mientras contemplas su carita cuando
duerme nos estás viendo a todos. No te merecemos pero te necesitamos.