11.1.2008.
Advierten los autores de los últimos estudios sobre algunos aspectos de la
juventud española, que la gran mayoría se define como tolerantes, optimistas y solidarios. Pero también afirman ser apáticos, flojeras y conformistas.
Unos jóvenes que disfrutan de una libertad y un bienestar envidiables
pero que a diferencia de los jóvenes de otras generaciones no ambicionan tomar las riendas de
su vida .Es más, la mayoría de ellos cree que nuestra sociedad
"necesita reformas profundas" pero reconocen "no tener tiempo para
colaborar "en mejorar los problemas que le rodean.
Es
lamentable, lo sé. Nuestros jóvenes adictos a la Wii, al móvil o a la
pequeña pantalla de ordenador "pasan las horas" amparados en la ley del
mínimo esfuerzo y nos hacen ver que esta forma de vida es normal,
deseable y envidiable.
Decía Oriana Fallaci, en su libro "El Apocalipsis", hablando de esta libertad y bienestar que "
debería
hacerlos más inteligentes, más evolucionados, más cultos, más buenos….
mejores que nosotros… En cambio los hace menos inteligentes. Menos
evolucionados, menos cultos, más malos, incluso conformistas."
No obstante añade: "de
tal realidad son las primeras víctimas. Porque en tal realidad han
nacido, crecido. Por tal realidad han sido fagocitados y asimilados. Y
obviamente, la culpa no es de ellos. Es de la generación que les ha
parido y que, a su vez derrumbada por la generación precedente, les
educa en el vacío de la propia pobreza. De la propia ignorancia, de la
propia estupidez, del propio conformismo….
Oh, sí. La culpa es de los que los crían. Pero bien pensado es también de la gente como nosotros, como yo...".
Porque somos nosotros, los profesores y las administraciones
publicas los que les ponemos en bandeja un planteamiento educativo ambiguo y caótico dirigido a pasar curso sin esfuerzo, mantenerlos en la idiotez. Puesto que, a
peor calidad en la educación, mayor ignorancia, mayor manipulación.
Somos nosotros, los medios de comunicación, los que ofrecemos unos programas de televisión mediocres
en los que recreamos y empaquetamos un os modelos de éxito inapropiados, burdos y sin valores.
Somos nosotros, los padres, los que preferimos, para que no nos molesten,
que
los jóvenes pase horas y horas jugando a los videojuegos, haciendo que
se sientan dueños de un destino virtual en lugar de "trabajarse" una
vida real. Les construimos una jaula de oro, en la que la responsabilidad, la colaboración y la convivencia intergeneracional brillan por su ausencia.
Y somos nosotros, todos nosotros, los que corremos raudos y veloces al psiquiatra o psicólogo
de turno, cuando surge algún obstáculo de comportamiento, de aprendizaje o de sociabilidad en su vida, en lugar de afrontar con madurez y responsabilidad nuestros errores.
No estamos hablando de algo baladí. La lista de despropósitos educativos seguirá siendo interminable
si TODOS nosotros no asumimos que lo importante para evitar la apatía es despertar
inquietudes, adquirir destrezas y conocimientos y, sobretodo,
impregnarse de valores sólidos y duraderos con los que poder vislumbrar un futuro como adulto
que valga la pena.