Hay, en la práctica política democrática, una tendencia a preguntarse
qué quiere la gente para ofrecérselo en los programas electorales.
Si eso fuese estrictamente así, si se ofreciese lo que la mayoría
pidiese... sobrarían los programas políticos y sólo se trataría de elegir
gestores, los más eficaces para cumplir la voluntad del pueblo.