El Antiguo Testamento está lleno de perlas de sabiduría. Ésta se recoge en el Deuteronomio, además de mostrar al pueblo judío que su Dios está mucho más solícito con ellos que los "dioses" de los pueblos vecinos.
"¿cual es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?"
La ley justa es un tesoro, su aplicación en la sociedad genera paz y unas condiciones de seguridad que fomentan, de modo natural, su desarrollo y crecimiento.
La ley judía era de "estricta justicia". La ley cristiana añade la "misericordia". Dios a los judíos se manifestó con gran solicitud y afecto, con imágenes de Esposo fiel. A los cristianos nos enseñó el "Padre Nuestro".
Ambos pueblos tienen un gran depósito: la ley. Y hoy pueden preguntarse también ambos ¿hay algún pueblo que tenga las leyes justas que tenemos nosotros? Y, probablemente tendrán que responder que no, que su riqueza es exclusiva de ellos y de las naciones que todavía no han renunciado a la herencia judeo-cristiana.
Las leyes humanas pueden ser injustas. El legislador humano lo ha demostrado a lo largo de la Historia, incluso elegido democráticamente y votando la ley en referéndum. Los hombres "pueden atarse voluntariamente cadenas", pueden consagrar en plebiscito a un tirano, pero también derechos que violan la ley natural, de hacen que las leyes se corrompan y dejen de serlo.
Una ley que no protege al ciudadano más desvalido sino que lo entrega al tubo de ensayo, a la mesa del laboratorio, a la selección eugenésica, o que le acorta la vida "
por carecer de calidad" es un empobrecimiento y una brecha por la que "todo lo demás será posible".
La Madre
Teresa de Calcuta afirmaba algo así como que "quien es capaz de matar el hijo de sus entrañas es ya capaz de cualquier otra cosa"; porque ha roto la relación más sagrada entre seres humanos: "madre e hijo" pasan a ser "madre e hijo asesinado".
Pero las leyes justas tienen la posibilidad de conocerse. El pueblo judío recibió la tabla de los Diez Mandamientos, que son
leyes de orden natural. También el cristianismo tiene esa herencia, pero con el aceite de la caridad y del perdón.
Esos mandamientos son luces para todos los hombres. No hay ninguno que pueda decirse que es especial para un pueblo, ni siquiera el del Amor a
Dios ya que "si existe" es natural la correspondencia de la criatura. Y es "bastante más que probable que ese Dios creador sea una gozosa realidad".
Cuando la humanidad
pierde esa luzconstruye sobre tinieblas y su "Derecho" se tuerce, comenzando a darse situaciones de clara injusticia y de tensión sobre el hombre justo, sobre aquel que debería ser venerado como ejemplar por la ciudadanía.
Y, en nuestro caso, con
la quiebra de la familia, la inseguridad de la vida humana desde su concepción,
se han generado tensiones que impiden el correcto desarrollo de la persona y atentan contra la libertad de su conciencia; y se han eliminado personas humanas de un modo indiscriminado produciendo una pérdida irreparable de "cabezas pensantes" en la sociedad.
Hemos
jugado a la ruleta rusa y no tenemos certeza de haber dejado vivos a los mejores, y tampoco queremos dejar de vivir bien si podemos "quitarnos el incordio de los hijos". Porque todos sabemos que el mejor es en primer lugar el más virtuoso, y eso no tiene mucho que ver con ser "un hombre físicamente perfecto" y también que la inteligencia tampoco va acompañada de la exaltación de la cultura del cuerpo.
frid